Las crónicas de Ciudad Seca #1

Cacahuete

Después de una larga y ancha noche, concretamente de 15x42m, el cacahuete detective Johnny John Johanson, conocido como Tri-J, llegó a su pequeño despacho ubicado en la primera planta del número 23 de la calle Púrpura. Tri-J se sentó en su vieja silla de madera y deslizó su mano por el escritorio para quitar el polvo que se había acumulado. Hacía ya dos meses desde el día en que se vio obligado a despedir al encargado de mantenimiento, el higo seco Sam.

El negocio del detective privado se hundió cuando los soldados verdes tomaron el control de la ciudad. Nadie se atrevía a contratar sus servicios por miedo a que los verdes consideraran que se estaba cuestionando su autoridad. La situación era desesperante. Si no conseguía algún cliente antes de dos semanas, se vería obligado a cerrar e intentar huir de Ciudad Seca en busca de nuevas oportunidades.

Tri-J apoyó su cabeza sobre el escritorio con la esperanza de recuperar el sueño que había perdido aquella noche intentando encontrar una forma de salvar su negocio. El detective había nacido para detectar, no sabía hacer otra cosa. Y Ciudad Seca nunca había destacado por sus numerosas oportunidades laborales.

Pasaron las horas y nadie acudió al despacho. Un día más sin clientes, un día más cerca del inevitable cierre. El detective se levantó resignado y se dirigió a la puerta. Su mano se encontraba en el pomo cuando escuchó el sonido de un vehículo deteniéndose cerca del edificio. Inmediatamente se giró y se acercó a la ventana que daba a la calle.

El cacahuete detective vio con intriga como una onza de chocolate bajó del vehículo y se dirigió al portal de su edificio. Segundos después, la onza llamó a la puerta de su oficina. Tri-J no sabía qué hacer. Se preguntaba qué se le habría perdido a una onza de chocolate en Ciudad Seca. ¿Qué hacía tan lejos de Freeton? El simple hecho de abrir la puerta y hablar con ella podría traerle muchos problemas con los verdes. Estaba prohibido dar refugio a freetonianos. ¿Estaba dispuesto a arriesgar su vida para salvar el negocio?

[Continuará]

Ya vienen Los Reyes

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—¿Qué les has pedido a Los Reyes? —preguntó la mujer—.

—La destrucció de tota la humanitat —respondió la niña—.

—¡Por Dios, que alguien encierre a esta niña en un manicomio! —exclamó angustiada la mujer— ¡Está hablando en catalán!

Automáticamente, dos furgones policiales, un helicóptero y tres agentes montados a caballo acudieron al rescate de la señora bloqueando la calle y acordonando la zona. Evacuaron a todos los peatones que estaban realizando sus últimas compras navideñas y rodearon a la niña de 7 años que había puesto en peligro la seguridad de todos los habitantes de aquella remota ciudad.

—¡NO SE MUEVA! —gritó uno de los agentes mientras apuntaba su arma hacia la pequeña terrorista—.

—Però…

—¡CUIDADO, ES CATALÁN!

Aterrorizados, los policías comentaron a disparar dardos tranquilizantes hacia la niña. El pánico afectó a la puntería de los defensores de la ley y el tiroteo indiscriminado hizo que más de la mitad de los agentes acabara en el suelo debido a los efectos de los dardos que ellos mismos habían disparado. Finalmente, entre la confusión, el comandante de la unidad especial consiguió reducir y amordazar a la causante de la catástrofe.

Mientras una ambulancia atendía a la mujer que había denunciado los hechos, la unidad de élite de la policía se llevó a la niña a un centro de máxima seguridad donde se le aplicaron terapias de choque intensivas con el objetivo de eliminar por completo su faceta terrorista. Tras dos semanas de tratamiento, los doctores se dieron por vencidos al comprobar cómo la niña seguía intentando destruir el sistema hablando catalán y decidieron aplicarme la terapia a largo plazo.

Veinte años después, la niña abandonó el recinto convertida en una mujer de bien, hablando un castellano perfecto son su laísmo, leísmo, loísmo, liísmo y luísmo. Decidida, se lanzó a la calle y exclamó “¡TAXI!”, en español, por supuesto. Sin perder ni un solo segundo, compró una hoja de papel, una carta, un sello y un bolígrafo. Con letra clara escribió a Sus Majestades de Oriente para pedirles algo que siempre había deseado, la destrucción de la humanidad.

Los Reyes Magos fueron incapaces de negarle el regalo, pues estaba escrito en español, la lengua real. Y así, con un deseo bien formulado, fue como la humanidad fue aniquilada por los tres jinetes magos del apocalipsis navideño.

5:07

Despertador 5:07

Érase una vez una hormiga que se levantaba todos los días a las 5:07 para ir a trabajar. A la hormiga le encantaba poder dormir esos 7 minutos extra, aunque para ello tuviera que tomar un peligroso atajo. Cada mañana cruzaba la carretera por una curva cerrada, pese a que la OSIPA (Organización por la Seguridad de Insectos y Pequeños Animales) se había encargado de construir un paso para que los trabajadores de la fábrica de migas de pan pudieran llegar a su puesto de trabajo de forma segura.

Durante meses, la hormiga durmió 7 minutos más y atravesó la calzada sin problemas. Pero la mañana del 14 de febrero de 1997 no sería una mañana cualquiera. El temporal de frío que castigaba la zona oeste de Salamanca había convertido el asfalto en una pista de patinaje sobre hielo. La hormiga comenzó a cruzar la carretera intentando no resbalar. Todo iba bien hasta que un coche conducido por un dálmata tomó la peligrosa curva.

La hormiga quedó paralizada por el miedo y observó cómo el dálmata daba un volantazo y se estrellaba contra un roble. El gélido asfalto se llenó de pequeñas manchas negras y la nieve se tiñó de sangre. El padre dálmata y sus nueve cachorros perdieron la vida en el accidente.

El 27 de febrero la alarma sonó a las 5:00, pero la hormiga ya estaba despierta. Esa noche, al igual que las anteriores, el insomnio había ganado la batalla. La hormiga utilizó el paso construido por la OSIPA para llegar al trabajo. Al entrar en la fábrica, su jefe le ordenó que recogiera sus objetos personales y que abandonara las instalaciones. Para siempre.

Terapia, hipnosis, acupuntura, exorcismo, porno, papiroflexia… nada parecía funcionar. La hormiga no podía quitarse de la cabeza la imagen de los pequeños cachorros destrozados sobre el asfalto. Desesperada, la hormiga saltó desde el puente más alto de Salamanca con el objetivo de acabar con su agonía. Una telaraña paró su caída. Amablemente, la araña que estaba a cargo de la supervisión de la red ayudó a la hormiga a escapar. Las arañas no pueden devorar a presas que se encuentran bajo los efectos de estupefacientes.

Tras años de alcohol, drogas y excentricidades, la hormiga se convirtió en la reina del pop, una diva sin nombre, un montón de ilusión.

FIN.

Un Cuento de Navidad #7 Final

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Lluvia, truenos, rayos y centollos. El camello y la oruga llegaron empapados al piso franco que tenían en Madrid. Allí, habían preparado una televisión de 50 pulgadas y una mesa llena de pipas, cacahuetes, palomitas y zumo de piña. Tenían por delante la noche televisiva más emocionante de la historia. La Guillotrina estaba en manos de Letizia y ellos debían permanecer ocultos hasta que se diera a conocer la noticia del fallecimiento del rey.

Pasaban las horas y la muerte de Felipe no aparecía en ningún medio. Los nervios se empezaron a apoderar de nuestros protagonistas. El plan sólo podía funcionar si la Guillotrina hacía efecto antes del discurso.

—¿Es posible que Letizia nos haya traicionado? —preguntó la oruga—.

—Imposible, —respondió el camello —los periodistas no pueden mentir.

—Entonces, ¿cómo ha conseguido infiltrarse en la Casa Real?

—Con filtros reales.

Llegó el momento del discurso de Nochebuena y los conspiradores contemplaron atónitos cómo Felipe aparecía sonriendo delante de las cámaras de TVE. En esta ocasión, los responsables de prensa de la Casa Real habían decidido que el discurso se realizaría en directo, para mostrar una monarquía más cercana al pueblo. El rey guiñó un ojo a la cámara, por lo de la cercanía, y comenzó a hablar. ¿Había fracasado el plan del camello?

—Españ… Es… Eghghhg…

¡BorbOFF! Felipe perdió la voz en el mejor momento posible, delante de millones de espectadores. Pena, angustia, nervios, ansiedad, tristeza. Los ojos del rey empezaron a emitir una luz azul y, en cuestión de segundos, en la silla real sólo quedaba un puñado de ceniza. Sufrió el conocido síndrome Oratio-interruptus.

El camello y la oruga celebraron su triunfo brindando con zumo de piña. Mientras tanto, todos los herederos al trono huían del país por miedo a un posible contagio de la enfermedad que, según ellos, era un castigo de Dios. Las pequeñas infantas huyeron a Francia montadas en sus triciclos reales. Letizia aprovechó la confusión para anunciar la disolución de la monarquía en España y abandonó el Palacio de la Zarzuela cabalgando a lomos de su unicornio plateado.

Con el tiempo, el camello decidió abandonar su trabajo como traficante y se dedicó a escalar las cimas más altas del mundo en honor a su amigo. Letizia y la oruga entablaron una relación sentimental y se aventuraron a montar juntas una agencia de noticias, obteniendo varios premios Pulitzer por su labor de investigación. Todos los años, al llegar Nochebuena, los tres conspiradores se reúnen para conmemorar el día en que cambiaron la historia de un país y vengaron la muerte de un ser querido por todo el mundo, el saltamontes.

Fin.

Un Cuento de Navidad #6

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24 de diciembre. Nubes de tormenta se cernían sobre la capital de España. A falta de unas cuantas horas para que Felipe pronunciara su mensaje de navidad, la oruga y el camello aterrizaron en Madrid. Los conspiradores tenían un margen de tiempo muy limitado, pues no sabían con exactitud cuánto tardaba en hacer efecto la Guillotrina. El riesgo era extremo. No sólo por la limitación temporal, también por el medio que iban a utilizar para administrarle la fórmula.

El camello llevaba meses en contacto con un traidor infiltrado en la Casa Real Española, pero desconocía su identidad. Durante ese periodo habían colaborado desde el anonimato y, ahora, había llegado el momento de encontrarse cara a cara. El camello no era imbécil, sabía perfectamente que podía estar dirigiéndose a una trampa, pero estaba dispuesto a correr ese riesgo con tal de llevar a cabo su misión de venganza.

Nuestros protagonistas llegaron en taxi al punto de encuentro, una cafetería moderna llamada Coup d’État. Entraron al local y ocuparon una mesa. Ahora sólo podían hacer dos cosas: esperar y comer. Uno de los camareros se acercó hasta su posición y preguntó:

—¿Qué les pongo?

—Cachondas —dijo la oruga—.

La cachonda es un nuevo tipo de bollería, una especie de ensaimada rellena de crema de chocolate y nata helada. Si iban a acabar encerrados por traición, al menos lo harían con el estómago lleno.

Media hora después, una mujer extremadamente delgada entró a la cafetería ataviada con un fular y unas gafas de sol. Con disimulo y naturalidad, la mujer se sentó junto al camello y pidió un café con leche.

—¿Quién vive en la piña debajo del mar? —preguntó el camello—.

Aquaman —respondió la mujer—.

El camello sacó un pequeño paquete de una de sus jorobas y se lo entregó a la mujer, que lo guardó en su bolso de terciopelo azul. La misteriosa mujer sonrió y levantó por un instante sus enormes gafas de sol, mostrando brevemente su identidad. ¡Era Letizia! La actual reina llevaba años intentando acabar con la monarquía española y ahora estaba más cerca que nunca.

—Llevo años intentando acabar con la monarquía española —dijo Letizia sin ser consciente de que ya lo había explicado el narrador—. Muchas gracias por vuestro servicio, del resto me encargo yo.

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Un Cuento de Navidad #4

Hexágono Un Cuento de Navidad

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Un gran cúmulo de nubes oscureció lentamente las calles de Montreal. En el aire, se podía captar una esencia de conspiración y venganza que conducía directamente al número 8886 del Boulevard Perras. Allí, el traficante de drogas con más jorobas de Canadá explicaba a una curiosa oruga el plan para acabar con la vida del nuevo rey español.

—Utilizaremos la Guillotrina.

—¿La Guillotrina? —preguntó la oruga—. ¿Cómo coño se mata a alguien con Guillotrina?

La Guillotrina es una sustancia fabricada de forma clandestina por un grupo de hurones en Nepal. Se trata de un líquido anaranjado que provoca la destrucción inmediata de las cuerdas vocales de cualquiera que lo beba. Durante muchos años, los hurones vendieron este brebaje a organizaciones criminales que se dedicaban a silenciar cantantes de dudoso talento.

—La Guillotrina es la parte más importante del plan —afirmó el camello—. Haremos que Felipe pierda sus cuerdas vocales. Eso impedirá que dé el discurso de navidad y le provocará una gran depresión. La pena será tan grande que el corazón del rey dejará de latir. Es un plan infalible.

—Perdona mi ignorancia, pero ¿no sería más fácil darle veneno directamente?

—Dame veneno que quiero morir, dame veneno.

Tras un par de horas debatiendo sobre la eficacia del plan, la oruga aceptó seguir con el plan original y utilizar la Guillotrina. Para obtenerla, los dos conspiradores se desplazaron hasta un polígono industrial de seis lados en las afueras de la ciudad canadiense. Dentro del hexágono industrial, se encontraron con el hurón que controlaba la distribución del brebaje a nivel nacional.

El hurón conocía la reputación del camello, pero de todas formas quiso imponer una condición antes de entregarles la Guillotrina: el camello y la oruga tendrían que responder correctamente a su acertijo antes de recibir el preciado elixir. Esta es la razón por la que el camello había decidido involucrar a la oruga en la conspiración, necesitaba su astucia felina para resolver el enigma y poder llevar a cabo su plan.

—¿Qué tiene cuatro patas y bigote? —preguntó el hurón.

El camello miró nervioso a la oruga. La venganza de la muerte de su mejor amigo dependía de la respuesta de su compañera conspiradora. Sin tomarse ni un solo segundo para reflexionar, la oruga respondió:

—Tu puta madre.

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Un Cuento de Navidad #3

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La oruga inspiró profundamente y se armó de valor para tratar de contarle al camello que su amigo el saltamontes acababa de morir en un trágico accidente.

—Tengo una mala noticia…

—No fue de casualidad…

—¿Qué? —preguntó desconcertada la oruga.

—El saltamontes no sufrió un accidente, fue asesinado.

—¿Cómo te has enterado de su muerte tan pronto?

—Mi amigo tenía instalada una app en el smartphone que monitoriza las constantes vitales y envía una notificación a todos los contactos cuando el usuario fallece.

—¿Es gratuita?

—La primera muerte sí. Después, tienes que pagar 9,99€ al mes.

—Cabrones, lo tienen todo pensado.

—¿Quieres una infusión? —preguntó el camello.

—Por supuesto. —respondió la oruga.

Los dos animales se adentraron en la nube de humo que inundaba la casa. Mientras recorrían el pasillo que llevaba al salón principal, la curiosidad felina de la oruga le obligó a echar un vistazo a una de las habitaciones. A través del marco de la puerta pudo ver como un ciempiés se inyectaba una sustancia de color verde pistacho. El ciempiés se introdujo en el mundo de la droga debido a una severa crisis de identidad. Tras dos años de combate en Vietnam, una bomba le amputó una de sus piernas y a partir de entonces dejó de responder al nombre de ciempiés. Además, al reincorporarse a la vida civil, perdió su DNI en un bar, agravando así la crisis.

En la habitación había tres personajes más, pero como no nos interesan haremos una elipsis hasta el momento en el que el camello y la oruga llegan al salón principal. El camello sacó dos tazas y una tetera de una de sus jorobas y cada uno de los animales se sentó en una punta de la mesa. Tras unos minutos de incomodidad se dieron cuenta de que sentarse en la punta de la mesa no era buena idea y procedieron a utilizar las sillas, que para algo se inventaron.

La oruga observó intrigada cómo la pared que quedaba a su derecha estaba llena de fotos, recortes de periódico y cuerdas que unían unas cosas con las otras. En la parte superior de la pared estaba escrita la palabra “INVESTIGACIÓN”, por si el resto de elementos no daba suficientes pistas. El doblemente jorobado traficante de estupefacientes explicó a nuestra protagonista que la muerte del saltamontes estaba relacionada con una conspiración que implicaba a la casa real española. Concretamente, al Rey Felipe.

Después de una pausa tan dramática como la muerte de [SPOILER de El Rey León] Mufasa, el camello afirmó que quería vengar la muerte de su amigo y que necesitaba la ayuda de la oruga para conseguirlo. La oruga tragó repentinamente el sorbo de infusión que tenía en la boca.

—¿Estamos hablando de matar a Felipe? ¿Tú eres consciente de las consecuencias que puede tener esa trama?

—Tranquila, eso sólo tiene consecuencias para los autores importantes. Si no te lee nadie, puedes escribir lo que quieras.

—Entonces me apunto. —afirmó convencida la oruga.

Y así es como se estableció la alianza entre la oruga y el camello, con dos infusiones y un claro objetivo: acabar con la vida del rey Felipe Sexto, máximo responsable de la muerte de nuestro primer protagonista, el saltamontes.

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