¿Por qué me haces esto Spotify?

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Soy de esas personas que se pone enferma si pasa un par de días sin escuchar algo de música. En mi cabeza siempre está sonando algo, constantemente, en todo momento. Creo que es por eso por lo que necesito escuchar música mientras trabajo, para liberar ese espacio del cerebro y dedicarlo a la tarea que me ocupa. Hace tiempo que utilizo Spotify de forma gratuita porque no me da para la suscripción mensual y ahora me preguntó cuál es el motivo por el que Spotify me odia.

En la imagen tenéis la lista de los artistas que más he escuchado desde que me metí en last.fm. Como veis, tengo un gusto musical un poco racista y machista. Son grupos de tíos blancos, básicamente. Es algo en lo que tengo que trabajar. Pero no es de lo que os quiero hablar hoy. Viendo esta lista, uno se pregunta por qué Spotify no para de “recomendar” listas que no tienen nada que ver con lo que escucho normalmente.

Resulta un poco desconcertante estar escuchando a Rise Against o Marilyn Manson y que, de repente, suene algo tipo “Vas a ser mi esclava de aquí a Bratislava”. No es una canción real, pero todos sabemos que hay algunos “géneros musicales” que tienden a tratar a la mujer de forma repugnante.

“¿Cómo puede ser que una plataforma como Spotify no tenga buenos algoritmos para saber qué me gusta y qué odio?” me preguntaba al principio. Pero después caí en que si me hiciera buenas recomendaciones en las pausas publicitarias me estaría haciendo un favor. Las interrupciones me gustarían. Y nunca contrataría el servicio Premium. Spotify no me odia. Spotify quiere torturarme hasta que diga basta y empiece a pagar la suscripción.

Y es algo que no me importaría hacer, si soy sincero. Llevamos un par de meses con Netflix y no podría estar más contento. Bueno, sí… podría estar más contento si Netflix tuviera en su catálogo absolutamente todo, pero con lo que tiene de momento es suficiente para satisfacer mis necesidades seriéfilas. La cuestión es que empezamos a tener los servicios que llevábamos pidiendo desde hace mucho tiempo. Y eso es bueno, aunque me estén torturando para que pague. Ahora sólo falta que nos podamos permitir esos servicios. Hasta entonces, me tocará seguir escuchando cosas del rollo “como a una perra te voy a encadenar, con las manos en España y los pies en Gibraltar”.

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Un Cuento de Navidad #7 Final

[1ªParte] [Anterior]

Lluvia, truenos, rayos y centollos. El camello y la oruga llegaron empapados al piso franco que tenían en Madrid. Allí, habían preparado una televisión de 50 pulgadas y una mesa llena de pipas, cacahuetes, palomitas y zumo de piña. Tenían por delante la noche televisiva más emocionante de la historia. La Guillotrina estaba en manos de Letizia y ellos debían permanecer ocultos hasta que se diera a conocer la noticia del fallecimiento del rey.

Pasaban las horas y la muerte de Felipe no aparecía en ningún medio. Los nervios se empezaron a apoderar de nuestros protagonistas. El plan sólo podía funcionar si la Guillotrina hacía efecto antes del discurso.

—¿Es posible que Letizia nos haya traicionado? —preguntó la oruga—.

—Imposible, —respondió el camello —los periodistas no pueden mentir.

—Entonces, ¿cómo ha conseguido infiltrarse en la Casa Real?

—Con filtros reales.

Llegó el momento del discurso de Nochebuena y los conspiradores contemplaron atónitos cómo Felipe aparecía sonriendo delante de las cámaras de TVE. En esta ocasión, los responsables de prensa de la Casa Real habían decidido que el discurso se realizaría en directo, para mostrar una monarquía más cercana al pueblo. El rey guiñó un ojo a la cámara, por lo de la cercanía, y comenzó a hablar. ¿Había fracasado el plan del camello?

—Españ… Es… Eghghhg…

¡BorbOFF! Felipe perdió la voz en el mejor momento posible, delante de millones de espectadores. Pena, angustia, nervios, ansiedad, tristeza. Los ojos del rey empezaron a emitir una luz azul y, en cuestión de segundos, en la silla real sólo quedaba un puñado de ceniza. Sufrió el conocido síndrome Oratio-interruptus.

El camello y la oruga celebraron su triunfo brindando con zumo de piña. Mientras tanto, todos los herederos al trono huían del país por miedo a un posible contagio de la enfermedad que, según ellos, era un castigo de Dios. Las pequeñas infantas huyeron a Francia montadas en sus triciclos reales. Letizia aprovechó la confusión para anunciar la disolución de la monarquía en España y abandonó el Palacio de la Zarzuela cabalgando a lomos de su unicornio plateado.

Con el tiempo, el camello decidió abandonar su trabajo como traficante y se dedicó a escalar las cimas más altas del mundo en honor a su amigo. Letizia y la oruga entablaron una relación sentimental y se aventuraron a montar juntas una agencia de noticias, obteniendo varios premios Pulitzer por su labor de investigación. Todos los años, al llegar Nochebuena, los tres conspiradores se reúnen para conmemorar el día en que cambiaron la historia de un país y vengaron la muerte de un ser querido por todo el mundo, el saltamontes.

Fin.

Un Cuento de Navidad #4

Hexágono Un Cuento de Navidad

[1ªParte] [Anterior]

Un gran cúmulo de nubes oscureció lentamente las calles de Montreal. En el aire, se podía captar una esencia de conspiración y venganza que conducía directamente al número 8886 del Boulevard Perras. Allí, el traficante de drogas con más jorobas de Canadá explicaba a una curiosa oruga el plan para acabar con la vida del nuevo rey español.

—Utilizaremos la Guillotrina.

—¿La Guillotrina? —preguntó la oruga—. ¿Cómo coño se mata a alguien con Guillotrina?

La Guillotrina es una sustancia fabricada de forma clandestina por un grupo de hurones en Nepal. Se trata de un líquido anaranjado que provoca la destrucción inmediata de las cuerdas vocales de cualquiera que lo beba. Durante muchos años, los hurones vendieron este brebaje a organizaciones criminales que se dedicaban a silenciar cantantes de dudoso talento.

—La Guillotrina es la parte más importante del plan —afirmó el camello—. Haremos que Felipe pierda sus cuerdas vocales. Eso impedirá que dé el discurso de navidad y le provocará una gran depresión. La pena será tan grande que el corazón del rey dejará de latir. Es un plan infalible.

—Perdona mi ignorancia, pero ¿no sería más fácil darle veneno directamente?

—Dame veneno que quiero morir, dame veneno.

Tras un par de horas debatiendo sobre la eficacia del plan, la oruga aceptó seguir con el plan original y utilizar la Guillotrina. Para obtenerla, los dos conspiradores se desplazaron hasta un polígono industrial de seis lados en las afueras de la ciudad canadiense. Dentro del hexágono industrial, se encontraron con el hurón que controlaba la distribución del brebaje a nivel nacional.

El hurón conocía la reputación del camello, pero de todas formas quiso imponer una condición antes de entregarles la Guillotrina: el camello y la oruga tendrían que responder correctamente a su acertijo antes de recibir el preciado elixir. Esta es la razón por la que el camello había decidido involucrar a la oruga en la conspiración, necesitaba su astucia felina para resolver el enigma y poder llevar a cabo su plan.

—¿Qué tiene cuatro patas y bigote? —preguntó el hurón.

El camello miró nervioso a la oruga. La venganza de la muerte de su mejor amigo dependía de la respuesta de su compañera conspiradora. Sin tomarse ni un solo segundo para reflexionar, la oruga respondió:

—Tu puta madre.

[Siguiente]

Un Cuento de Navidad #3

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[1ªParte] [Anterior]

La oruga inspiró profundamente y se armó de valor para tratar de contarle al camello que su amigo el saltamontes acababa de morir en un trágico accidente.

—Tengo una mala noticia…

—No fue de casualidad…

—¿Qué? —preguntó desconcertada la oruga.

—El saltamontes no sufrió un accidente, fue asesinado.

—¿Cómo te has enterado de su muerte tan pronto?

—Mi amigo tenía instalada una app en el smartphone que monitoriza las constantes vitales y envía una notificación a todos los contactos cuando el usuario fallece.

—¿Es gratuita?

—La primera muerte sí. Después, tienes que pagar 9,99€ al mes.

—Cabrones, lo tienen todo pensado.

—¿Quieres una infusión? —preguntó el camello.

—Por supuesto. —respondió la oruga.

Los dos animales se adentraron en la nube de humo que inundaba la casa. Mientras recorrían el pasillo que llevaba al salón principal, la curiosidad felina de la oruga le obligó a echar un vistazo a una de las habitaciones. A través del marco de la puerta pudo ver como un ciempiés se inyectaba una sustancia de color verde pistacho. El ciempiés se introdujo en el mundo de la droga debido a una severa crisis de identidad. Tras dos años de combate en Vietnam, una bomba le amputó una de sus piernas y a partir de entonces dejó de responder al nombre de ciempiés. Además, al reincorporarse a la vida civil, perdió su DNI en un bar, agravando así la crisis.

En la habitación había tres personajes más, pero como no nos interesan haremos una elipsis hasta el momento en el que el camello y la oruga llegan al salón principal. El camello sacó dos tazas y una tetera de una de sus jorobas y cada uno de los animales se sentó en una punta de la mesa. Tras unos minutos de incomodidad se dieron cuenta de que sentarse en la punta de la mesa no era buena idea y procedieron a utilizar las sillas, que para algo se inventaron.

La oruga observó intrigada cómo la pared que quedaba a su derecha estaba llena de fotos, recortes de periódico y cuerdas que unían unas cosas con las otras. En la parte superior de la pared estaba escrita la palabra “INVESTIGACIÓN”, por si el resto de elementos no daba suficientes pistas. El doblemente jorobado traficante de estupefacientes explicó a nuestra protagonista que la muerte del saltamontes estaba relacionada con una conspiración que implicaba a la casa real española. Concretamente, al Rey Felipe.

Después de una pausa tan dramática como la muerte de [SPOILER de El Rey León] Mufasa, el camello afirmó que quería vengar la muerte de su amigo y que necesitaba la ayuda de la oruga para conseguirlo. La oruga tragó repentinamente el sorbo de infusión que tenía en la boca.

—¿Estamos hablando de matar a Felipe? ¿Tú eres consciente de las consecuencias que puede tener esa trama?

—Tranquila, eso sólo tiene consecuencias para los autores importantes. Si no te lee nadie, puedes escribir lo que quieras.

—Entonces me apunto. —afirmó convencida la oruga.

Y así es como se estableció la alianza entre la oruga y el camello, con dos infusiones y un claro objetivo: acabar con la vida del rey Felipe Sexto, máximo responsable de la muerte de nuestro primer protagonista, el saltamontes.

[Siguiente]

El muerto al horno y el vivo al porno

Nadie me lo ha pedido pero hoy vengo a salvar el mundo, de nuevo. Ésta es una de esas entradas que quitan el sueño, el hambre y la virginidad. Un texto que cambiará nuestra forma de lidiar con la muerte. Una defensa de la incineración como forma definitiva de deshacernos de los fiambres.

Incinerar a los muertos tiene una serie innumerable de beneficios. Por este motivo, he decidido traeros una lista no-numerada con algunas de estas ventajas:

– El primer beneficio de pegarle fuego a los cadáveres es evidente. El problema del espacio. Somos muchos y morimos frecuentemente. Si seguimos enterrando a la gente que estira la pata, nos veremos obligados a construir cementerios en Marte.

– ¡Segunda ventaja! Incinerar a un ser querido nos brinda una maravillosa oportunidad para viajar. “Mi padre siempre dijo que esparciéramos sus cenizas en Nueva Zelanda, en los escenarios en los que se rodó The Lord of the Rings

– Tercera: la muerte deja de ser algo “frío”.

– He dejado la mayor ventaja para el final. La incineración evita que se produzca un apocalipsis zombie de “tipo 0”, en el que los muertos se levantan de sus tumbas y empiezan a comer vivos como si no hubiera mañana. Sí, ya sé que de todos los tipos de apocalipsis zombie, éste es el menos probable. ¿Pero para qué correr riesgos? Incinerando los cuerpos eliminamos totalmente la posibilidad de que ocurra.

Sé lo que estás pensando ahora mismo: “¿Por qué no hemos dejado de enterrar a la gente todavía?”. La respuesta es simple: floristerías. El lobby de las floristerías lleva años luchando contra el sentido común y presionando al gobierno para que mantenga el tema fuera de la agenda pública. La codicia de estos “profesionales de las flores” puede llevar a la extinción de la especie humana y nadie ha hecho nada para evitarlo, hasta hoy.

El método de limpieza más eficiente de la historia

¿Cansado/a de tener que limpiar en una o más ocasiones cada semana? ¿Harto/a de barrer, fregar, aspirar, desinfectar y frotar? ¿Por qué todos los verbos que acabo de decir acaban en “ar” menos “barrer”? ¿Es una conspiración de las escobas? ¿Por qué no utilizamos el verbo “escobar”? ¿Podré dejar de hacer preguntas antes de acabar este párrafo? ¿Sí? ¿No?

Los avances en las tecnologías relacionadas con la limpieza y la higiene han provocado que, con el paso de las décadas, cada vez sea menos aceptable que alguien tenga su casa “sucia”. Cuanto más fácil es limpiar, más obligados estamos a mantener nuestro hogar libre de cualquier tipo de suciedad. No puede haber ni una sola mota de polvo sobre los muebles. Es inadmisible que haya un pelo suelto por nuestro suelo. Todo debe estar limpio. De lo contrario, eres una persona despreocupada, a la que se ha de mirar con desprecio e incluso insultar un poco.

Esta histeria colectiva, provocada en gran parte por las empresas dedicadas a la venta de productos de limpieza, está haciendo que se pierda uno de los métodos más eficientes de la historia, conocido como SLP (Sistema de Limpieza por Procrastinación). El método SLP se basa en la ley de gravitación universal formulada por Isaac Newton en 1687, que afirma que la mierda es atraída por otra mierda. Se trata de un proceso de limpieza natural, libre de agentes corrosivos para nuestro ecosistema.

Pasos para implementar el método SLP:

1- Dejar de escobar, fregar, aspirar, desinfectar y frotar.
2- Esperar
3- Seguir esperando.
4- Esperar un poco más.
5- Comprobar que toda la mierda acumulada durante semanas se ha agrupado en una pelusa gigante.
6- Recoger la pelusa y tirarla a la papelera.
7- Contemplar con orgullo como has podido limpiar toda la casa mediante un solo gesto.

Ha habido casos en los que la espera prolongada ha llevado a que la pelusa se convierta por sí misma en una manta, pero todavía se desconocen las condiciones en las que se produce este fenómeno. Lo que sí sabemos con certeza es que las multinacionales intentan ocultar la existencia de este método de limpieza milenario, instigándonos a que limpiemos diariamente con sus productos, rompiendo así el proceso natural de concentración de la mierda.

Espero que este tutorial os sea de gran ayuda. Pensad en todo el tiempo que podéis ahorrar si combináis el método SLP con la rutina de no hacer la cama diariamente. Algún día me lo agradeceréis. Debería empezar a cobrar por esto, hostia.