El desorden es vida

Habitación 3D Vray

¿Tienes visita? ¡Rápido! Ordena la casa. Guarda todo objeto que esté a la vista en un cajón. Haz la cama. Guarda la ropa en el armario. Pon todos los utensilios de cocina en su sitio. Coloca las sillas del salón de forma simétrica. Elimina cualquier mota de polvo que ose posarse en la superficie de uno de tus muebles. Revisa la cama, es posible que hayas dejado alguna arruga por alisar. Comprueba que tus cuadros y fotos están perfectamente alineados. Déjalo todo perfecto, como tiene que estar. Tienes visita.

¡Basta! De la misma forma que la publicidad y la moda crean ideales de belleza inalcanzables para el ser humano, los catálogos de muebles están creando unos ideales de orden absurdos y dañinos para la salud mental de las personas. Una casa ordenada, es una casa sin vida. Os voy a contar un secreto: la gente hace cosas dentro de sus casas. Increíble, ¿verdad? ¿Quién iba a pensar que las personas no se quedan quietas en medio de una habitación hasta que llega la hora de irse al trabajo? Pues bien, hacer cosas crea desorden y el desorden conduce a un orden nuevo, diferente al canon establecido en los catálogos.

El “sitio” de las cosas no lo marca una revista, lo marca el uso que les damos. Aquellos objetos que utilizamos con regularidad acaban “tirados por ahí”, no guardados en un cajón. Al final, su “sitio” es ése. El lugar adecuado para un bolígrafo puede ser en medio del escritorio, no pasa nada porque no esté perfectamente colocado en nuestro portalápices. El trapo tiene que estar a mano, tirado por el banco de la cocina. ¿De qué nos sirve un trapo guardado en un cajón perfectamente doblado cuando tenemos las manos mojadas?

Las casas ordenadas son propias de gente muerta, fallecida, sin vida. Pensadlo bien, los fantasmas se dedican a vagar por el mundo, sin hacer nada. Por tanto, pueden tener una casa de catálogo en todo momento. Es más, necesitan tenerlo todo ordenado para poder asustar a aquellos que se atrevan a merodear por sus antiguas viviendas. El cuadro que se cae, el jarrón que se desplaza… si todo está desordenado resulta mucho menos impactante.

Pongamos fin a esta presión social que nos obliga a ocultar nuestras personalidades mediante el orden. ¿Por qué tenemos que esconder el desorden de nuestro escritorio si nos pasamos el día trabajando en él? ¿Por qué tenemos que guardar la ropa que dejamos tirada? ¿No nos cambiamos todos con regularidad? ¿Qué más da si la mesa está llena de libros? ¿Acaso está mal leer? Dejemos de subestimar el desorden y démosle la importancia que se merece, pues el desorden es vida.

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Hacer la cama es innecesario

La cama es el lugar en el que solemos hacer dos de las funciones vitales más importantes: dormir y follar. Yo soy el primero que la respeta, la venera e incluso la idolatra. Pero esto no quiere decir que debamos hacerla todos los días.

Existen acciones que deben ser desempeñadas con regularidad por diversos motivos. Por ejemplo, lavarse los dientes. No hacerlo causa mal aliento a corto plazo y problemas más serios a largo plazo. No nos olvidemos tampoco de la mirada de desprecio del dentista cuando ve que no mantenemos una higiene adecuada. ¡Qué mirada! A veces no sé si me está mirando así por no lavarme los dientes o por asesinar al último unicornio de la tierra.

Como siempre, me he desviado un poco del tema. Lo que quería destacar es que hacer la cama no es una costumbre de vital importancia. En principio, no vas a sufrir consecuencias de ningún tipo si no la haces. Es más, según un estudio que se me acaba de ocurrir, hacer la cama incrementa los dolores de espalda, hombros y brazos en un 200%. No sólo no ganas nada sino que encima estás perdiendo la vida mientras la haces.

El caso de las personas que necesitan una cama bien hecha para poder dormir cómodamente es totalmente distinto. Aquí ya no hablamos de una rutina impuesta por una convención social sino de los gustos y manías de cada uno. Una persona que hace la cama sólo por comodidad puede pasar todo el día con la cama deshecha y hacerla justo antes de irse a dormir. En este caso, por tanto, está justificado.

¡Y llegó la hora de las preguntas! ¿Por qué hacemos la cama? ¿Por qué la mayoría de las personas tiene la sensación de que una habitación está desordenada si la cama está deshecha? ¿En qué momento nos impusimos esta regla absurda?

Yo la considero una rutina aburrida e innecesaria. Una pérdida de tiempo. Los minutos que me ahorro al no hacer la cama puedo dedicarlos a escribir este blog y mejorar significativamente el mundo, ayudando a la comunidad y salvando vidas. ¿Qué habéis hecho vosotros? ¿Dejar un par de sábanas sin arrugas todos los días? Debería daros vergüenza estar perdiendo el tiempo de esa manera. Shame on you!