La Guantera

Después de dos entradas bastante cortas, hoy por fin voy a extenderme un poco volviendo a uno de los temas que realmente importan en la vida, la lengua. Y no me estoy refiriendo a lo que utilizamos para practicar sexo oral, sino a la herramienta que empleamos para expresarnos habitualmente. Voy a concretar un poco más porque igual algún lector utiliza el sexo oral como forma de expresión principal: os vengo a hablar de la palabra “guantera”.

“Guantera: Caja del salpicadero de los vehículos automóviles en la que se guardan guantes y otros objetos.” RAE

Fijémonos en la elección de las palabras en la definición. Afirma que se guardan guantes “Y” otros objetos. Podrían haber usado “U”, pero no lo hicieron. Deducimos entonces que en la guantera siempre ha de haber guantes. Los guantes pueden coexistir con todo tipo de objetos, pero deben estar allí.

No me he informado, pero tengo entendido que antes la gente usaba siempre guantes para conducir y de ahí que necesitaran un compartimento para guardarlos. En inglés, de hecho, utilizan “glove box” para referirse a la guantera. El problema viene cuando la gente deja de respetar el significado de las palabras y decide que ya no quiere llevar guantes en la guantera. Esto es un escándalo. Es-cán-da-lo, es un escándalo. El término guantera ha perdido todo sentido, se ha convertido en una palabra hueca, arbitraria, absurda…

Ante esta problemática se me ocurren dos posibles soluciones. La primera consistiría en cambiarle el nombre al compartimento. Habría que investigarlo bien, pero creo que “mierdera” sería bastante apropiado teniendo en cuenta los objetos que hay ahora mismo en la guantera de mi coche:

– Pañuelos

– Trapo

– Líquido para lavarse las manos (Sería innecesario si llevara guantes)

– Caramelos

– Calculadora que no funciona

– Bolígrafo que funciona algunas veces

– Cable para cargar el teléfono

Nada me gustaría más que cambiarle el nombre a la guantera. Sin embargo, después del intento fallido de cambiar la palabra “bocadillo”, me veo obligado a decantarme por la segunda solución, la llamada “Solución Ted Mosby”. La STM consiste en llevar guantes en la guantera. Simple y efectiva.

“Pero Rasta yo no voy a utilizar guantes nunca” ¡Me da igual! Si eres una persona decente cogerás unos guantes y los meterás en la guantera. Aunque sólo lo hagas por respeto etimológico. Yo pienso hacerlo en cuanto acabe de escribir esta entrada. Eso sí, no serán los guantes de la foto. Los más avispados se habrán dado cuenta de que los de la imagen son los guantes de Insert Coin, que guardo en una caja fuerte custodiada por escorpiones gigantes.

Para despedirme, os dejo con una reflexión. ¿Qué pasa con el resto de compartimentos del coche? ¿No tienen nombre? ¿Por qué permitimos este tipo de injusticias? Podríamos meter calcetines en los que están en las puertas y llamarlos “calcetineras”.

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Evitemos la aniquilación absoluta

bocadillo-en-bocadillo

Hoy vengo a hablaros de un problema que podría conducirnos al mayor apocalipsis cultural desde la creación de Mujeres y Hombres y Viceversa. El uso incorrecto de la palabra “bocadillo”.

Yo no soy filólogo, pero entiendo que “bocadillo” es el resultado de añadirle el sufijo “illo” al sustantivo “bocado”. Deducimos entonces que la palabra se utilizó originalmente para referirse a un “bocado pequeño”, un combinado de alimentos que se puede introducir de forma íntegra en la boca para su ingestión.

Cerca de 4000 metros, cerca de 4000 putos metros es lo que midió el bocadillo más largo del mundo la última vez que se batió el récord Guinness. ¿Dónde está el límite? ¿Cómo coño se mete uno cuatro kilómetros de pan en la boca? Los bocadillos deberían poder comerse de un bocado, si no… ¿Para qué mierdas inventamos palabras? Si vamos a llamar bocadillo a cualquier cosa, sin importar el tamaño que tenga, yo ya no sé qué sentido tiene la vida.

Queridos hispanoparlantes, nos estamos cargando nuestro idioma con sinsentidos como éste. Estamos a un paso de poner el miembro de Nacho Vidal entre dos trozos de pan y seguir llamándolo bocadillo.

El término catalán “Entrepà”, por ejemplo, tiene muchísimo más sentido. Admite todo tipo de combinaciones y de tamaños. Da igual que esté relleno de pepinillos, patatas fritas o elefantes, sigue siendo algo entre dos trozos de pan. ‘En español tenemos “emparedado”’ dirá algún listo. EmPAREDado. La cosa está mal pero yo veo a gente comiendo ladrillos untados en cemento.

Ha llegado el momento de empezar a cuidar nuestra lengua y parar esta locura semántica antes de que nos lleve a la aniquilación absoluta. Juntos podemos conseguirlo, juntos, un día entre dos, parece mucho más que un día, juntos, amor para dos, amor en buena compañía.