Muerte al Ticket Regalo

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Mucho se habla de Los Reyes Magos y de sus disfraces, pero la verdadera tradición navideña empieza justo después de las fiestas: La devolución y el cambio de regalos.

Acertar con un regalo es complicado, hay que conocer bien a la persona y tener gusto y dinero para hacerlo. Si a eso le añadimos la cantidad de fechas en las que por convención social “estamos obligados” a comprar algo, las probabilidades de regalar algo necesario o deseado son bastante bajas. Por este motivo, ofrecer la posibilidad de devolver el regalo me parece fundamental.

A lo largo de los años, he ido devolviendo productos sin ningún problema. Me compré la PS3 con el dinero acumulado tras años de devoluciones. Y eso estaba bien. Eso molaba. Pero los dioses del comercio se enfadaron y decidieron que algo tenía que cambiar e inventaron el ticket regalo. Y así, con un estruendoso aplauso por parte de los consumidores, comenzó la destrucción del sistema de equilibrio que nos hacía felices.

El ticket regalo conduce, inevitablemente, a la destrucción de la humanidad. La posibilidad de incluir un papelito junto con el regalo que permite cambiarlo sin que la otra persona vea cuánto ha costado nos ha abocado a la dejadez. ¿Para qué molestarse en pensar bien qué regalar si vamos a meter el ticket regalo de todas formas? Ya irá y se cogerá algo que le guste. Total… total… total…

¡Basta! Para empezar, tarde o temprano la otra persona sabrá cuánto te has gastado, sólo se lo estás poniendo más difícil para elegir por qué cambiarlo. Luego está la cuestión de la devolución. Las tiendas no devuelven el dinero con el ticket regalo. Estás obligado a cambiar el producto. Y en ese momento es cuando necesitas un algoritmo para saber qué mierdas comprar para no perder dinero. Tienes que encontrar algo que te guste en esa tienda y que valga lo mismo que el regalo original. Normalmente, quien sale ganando en estos casos es el comerciante, ya que intentamos no tirar dinero y acabamos gastándonos más.

Os lo pido por favor, no hagáis tickets regalo. No se lo pongáis a la gente más difícil de lo que debería ser. Dad el ticket de compra normal, dejad que la gente pueda deshacerse del trasto que le habéis comprado y aproveche ese dinero en algo que realmente quieran. Si consideráis que no acertar con un regalo es malo, ¿cómo de malo es no acertar ni tan siquiera con la tienda? Dando el ticket normal evitaréis que la persona se vea obligada a acabar con algo que no quiere. Dando el ticket normal evitaréis que os odien. Dando el ticket normal evitaréis la aniquilación de nuestra especie. Muerte al ticket regalo.

Muerte a los dos besos

España es un país (eso dicen) en el que la costumbre de “los dos besos” está tan implantada como la silicona en los pechos de las actrices porno. Esto tiene que acabar. Y no porque lo diga yo, si no por un motivo de mucho más peso, porque sí.

La primera pega de este hábito es que resulta totalmente injusto que las mujeres tengan que ir repartiendo besos a todo cristo mientras que los hombres sólo lo tienen que hacer con la mitad de la población. Nosotros podemos darnos la mano desde una distancia de seguridad considerable y las mujeres se ven forzadas a traspasar su frontera de espacio de confort cada vez que se encuentran con alguien. Injusto.

Después está el problema de las colonias, y no me refiero a la época de los imperios coloniales sino a las fragancias que la gente utiliza para “oler bien”. Todos conocemos a gente que más que echarse perfume, se baña en él. Gente que utiliza el perfume como champú, crema hidratante y pasta de dientes. Gente que nunca podría llegar a ser ninja porque los hueles venir desde que salen de su casa. Pues bien, el problema de “los dos besos” es que, al interactuar con este tipo de personas, se produce un trasvase de olor y la pobre persona “normal” acaba oliendo todo el día a ese perfume que provoca vómitos, ceguera, diarrea y sida.

Otra de las pegas tiene que ver directamente con la llegada del apocalipsis zombie. Ya sé que recurro demasiado a este tema, pero es importante que estemos preparados para cuando llegue el momento. Si me molestara en buscarlos, seguro que encontraría estudios que afirman que los países que tienen la costumbre de “los dos besos” sufren un mayor número de contagios de todo tipo de enfermedades, como la sífilis. Imaginad por un momento qué ocurriría en los inicios de la infección zombie. El ojo humano es incapaz de distinguir entre un muerto viviente y un hipster a simple vista. Millones de mujeres se acercarían a sus amigos modernos, viéndose obligadas a darles dos besos para saludarlos y entonces ¡PAM! mordisco al cuello y más infectados sueltos. Esta costumbre conduce directamente hacia la extinción de la especie.

Por último, está el problema del orden en el que se dan los dos besos. En España giramos la cara primero hacia la izquierda y luego hacia la derecha, pero en otros países el orden se invierte. Esta sutil diferencia provoca un choque intercultural y un choque físico, generando malentendidos y situaciones incómodas que pueden acabar en guerras internacionales.

Básicamente, cada vez que dais dos besos estáis haciendo del mundo un lugar más injusto, lleno de vómitos, diarrea, zombies y guerras. Vosotros sabréis qué hacéis con vuestras costumbres anticuadas.

El muerto al horno y el vivo al porno

Nadie me lo ha pedido pero hoy vengo a salvar el mundo, de nuevo. Ésta es una de esas entradas que quitan el sueño, el hambre y la virginidad. Un texto que cambiará nuestra forma de lidiar con la muerte. Una defensa de la incineración como forma definitiva de deshacernos de los fiambres.

Incinerar a los muertos tiene una serie innumerable de beneficios. Por este motivo, he decidido traeros una lista no-numerada con algunas de estas ventajas:

– El primer beneficio de pegarle fuego a los cadáveres es evidente. El problema del espacio. Somos muchos y morimos frecuentemente. Si seguimos enterrando a la gente que estira la pata, nos veremos obligados a construir cementerios en Marte.

– ¡Segunda ventaja! Incinerar a un ser querido nos brinda una maravillosa oportunidad para viajar. “Mi padre siempre dijo que esparciéramos sus cenizas en Nueva Zelanda, en los escenarios en los que se rodó The Lord of the Rings

– Tercera: la muerte deja de ser algo “frío”.

– He dejado la mayor ventaja para el final. La incineración evita que se produzca un apocalipsis zombie de “tipo 0”, en el que los muertos se levantan de sus tumbas y empiezan a comer vivos como si no hubiera mañana. Sí, ya sé que de todos los tipos de apocalipsis zombie, éste es el menos probable. ¿Pero para qué correr riesgos? Incinerando los cuerpos eliminamos totalmente la posibilidad de que ocurra.

Sé lo que estás pensando ahora mismo: “¿Por qué no hemos dejado de enterrar a la gente todavía?”. La respuesta es simple: floristerías. El lobby de las floristerías lleva años luchando contra el sentido común y presionando al gobierno para que mantenga el tema fuera de la agenda pública. La codicia de estos “profesionales de las flores” puede llevar a la extinción de la especie humana y nadie ha hecho nada para evitarlo, hasta hoy.

Están intentando matarme

jeringuilla-conspiracion-muerte“Dijiste que no hablarías de conspiraciones hasta 2015” Lo sé, lo sé… pero no puedo arriesgarme a no contar lo que he descubierto hoy. Esta podría ser la última entrada del blog. Si la semana que viene no sabéis nada de mí, quiere decir que he muerto. Negad toda conexión conmigo o con este blog. No quiero que nadie muera por mi culpa.

Mi última esperanza reside en contar lo que sé hasta ahora y esperar que los conspiradores reculen debido a las sospechas que podría levantar mi muerte después de esta publicación.

Hace unas semanas fui al médico por una tontería y me mandó una analítica. Hasta aquí bien. Hoy me han dado los resultados. Todo correcto, es más, perfecto. ¿Perfecto? Estamos hablando de una persona cuya dieta consiste en altas dosis de café, chocolate y arroz. No como apenas verduras, legumbres y todas esas mierdas “sanas”. Tampoco pescado. No hago deporte. No me da el sol porque vivo encerrado en una cueva y paso catorce horas al día delante del ordenador. ¿Cómo puede estar todo bien?

Un “te falta un poco de hierro” o “te sobra un poco de azúcar” me habría parecido normal, pero el médico me ha dicho: “está todo perfecto, no te falta ni te sobra nada”. Obviamente estaba mintiendo. No sé si me han envenenado o simplemente están esperando a que me dé un ataque al corazón, pero está claro que alguien quiere que muera.

El gran problema es descubrir quién está intentando acabar con mi vida. ¿El Gobierno Suizo? ¿La industria farmacéutica? ¿Los padres? ¿Católicos extremistas? He destapado tantas mentiras que medio mundo y parte del otro se beneficiaría de mi muerte. Lo único que sé seguro ahora mismo es que desde hace unos días estoy recibiendo visitas al blog desde Moscú, por lo que podemos deducir que el colectivo que intenta asesinarme opera desde Rusia o que han contratado a asesinos rusos para hacer el trabajo.

Queridos lectores, *pausa dramática* hasta siempre.

La Conspiración de la Purpurina

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Una vez más, he decidido jugarme la integridad física para alertaros de un problema que podría suponer la aniquilación del ser humano en un futuro. Como es habitual en estos casos, los gobiernos, las grandes multinacionales, los reptilianos y Paz Padilla tratan de ocultar los secretos que voy a desvelar. Espero que estéis listos para abrir los ojos y los ojetes, porque os vais a cagar cuando conozcáis “La Conspiración de la Purpurina”.

En esta sociedad ciega y dormida, prácticamente todos relacionan la purpurina con los niños y sus pequeñas obras de arte. Estamos permitiendo que nuestros hijos manipulen esta arma de destrucción masiva sin ser conscientes del peligro que corren. ¿Es que nadie piensa en los niños? ¿ES QUE NADIE PIENSA EN LOS NIÑOS? Pues no, excepto algún que otro pedófilo, nadie piensa en los niños.

Habéis oído bien, he llamado “arma” a la purpurina. Los orígenes de este polvo infernal se remontan a la Segunda Guerra Mundial. Ambos bandos desarrollaron una gran cantidad de prototipos armamentísticos con el objetivo de acabar con el enemigo lo antes posible. “Y ahora es cuando Rasta empieza a dar por saco con que los Nazis crearon la purpurina” Pues no, una vez más, te equivocas. La purpurina fue creada por el país que menos esperas, Suiza.

El “Proyecto Púrpura” se llevó a cabo por científicos suizos. El objetivo de la investigación consistía en desarrollar un arma capaz de exterminar a los todos países que luchaban en la 2ªGM y crear un nuevo orden mundial, lleno de queso, chocolate y relojes. En uno de los intentos para crear la purpurina, los suizos inventaron lo que hoy conocemos como “confeti”, bastante peligroso pero no tan letal como el arma definitiva. Desde el punto de vista militar, la purpurina es perfecta. Indestructible, indetectable, infinita.

Pensadlo un poco. Si alguien decidiera propagar un virus mortal a escala internacional, ¿Cuál sería la mejor vía para hacerlo? Exacto, la purpurina. Es un arma imparable. Destapar un bote de purpurina es como abrir las puertas de Mordor. Una vez abierto, la purpurina se hace con el control de absolutamente todo lo que le rodea. Ya puedes tener un traje de aislamiento nivel 9007 y vivir en un búnker nuclear sellado herméticamente. No importa, la purpurina logrará entrar e infectarte.

Paranoia, miedo, obsesión… La purpurina no es sólo mortal si se combina con un virus. Su sola presencia es capaz de quebrar las mentes más sanas y causar histeria masiva. Los usos militares son infinitos. “¿Entonces por qué los suizos no son los dueños del mundo?” te preguntarás. Y yo me tomaré la libertad de responderte con otra pregunta: ¿Estás seguro de que no lo son?

La historia, tal y como la conocemos, es una farsa. Los gobiernos de todo el mundo se arrodillaron ante Suiza y le comieron todo el chocolate. Los suizos, precavidos, combinaron la purpurina con nanorobots y la extendieron por todo el mundo para ejercer un control mental sobre la población a su antojo en caso de ser necesario y ocultaron los verdaderos hechos históricos. Todos creéis que nuestros políticos van a Suiza para robar dinero público. En realidad, todos ellos reciben órdenes del Gobierno Mundial Súper Secreto Suizo (GMSSS).

Aprovecho este último párrafo para avisaros del riesgo que corréis al leer esta entrada. ¿Habéis oído hablar de la combustión espontánea? Bien, pues de espontánea no tiene nada porque son los suizos, con su purpurina y sus nanobots, los que asesinan las personas que conocen su secreto. Igual debería de haberlo dicho al principio de la entrada, meh!

Evitemos la aniquilación absoluta

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Hoy vengo a hablaros de un problema que podría conducirnos al mayor apocalipsis cultural desde la creación de Mujeres y Hombres y Viceversa. El uso incorrecto de la palabra “bocadillo”.

Yo no soy filólogo, pero entiendo que “bocadillo” es el resultado de añadirle el sufijo “illo” al sustantivo “bocado”. Deducimos entonces que la palabra se utilizó originalmente para referirse a un “bocado pequeño”, un combinado de alimentos que se puede introducir de forma íntegra en la boca para su ingestión.

Cerca de 4000 metros, cerca de 4000 putos metros es lo que midió el bocadillo más largo del mundo la última vez que se batió el récord Guinness. ¿Dónde está el límite? ¿Cómo coño se mete uno cuatro kilómetros de pan en la boca? Los bocadillos deberían poder comerse de un bocado, si no… ¿Para qué mierdas inventamos palabras? Si vamos a llamar bocadillo a cualquier cosa, sin importar el tamaño que tenga, yo ya no sé qué sentido tiene la vida.

Queridos hispanoparlantes, nos estamos cargando nuestro idioma con sinsentidos como éste. Estamos a un paso de poner el miembro de Nacho Vidal entre dos trozos de pan y seguir llamándolo bocadillo.

El término catalán “Entrepà”, por ejemplo, tiene muchísimo más sentido. Admite todo tipo de combinaciones y de tamaños. Da igual que esté relleno de pepinillos, patatas fritas o elefantes, sigue siendo algo entre dos trozos de pan. ‘En español tenemos “emparedado”’ dirá algún listo. EmPAREDado. La cosa está mal pero yo veo a gente comiendo ladrillos untados en cemento.

Ha llegado el momento de empezar a cuidar nuestra lengua y parar esta locura semántica antes de que nos lleve a la aniquilación absoluta. Juntos podemos conseguirlo, juntos, un día entre dos, parece mucho más que un día, juntos, amor para dos, amor en buena compañía.