¿Hace frío?

¿Es necesario enviar a periodistas a la montaña para informar de que ha nevado? ¿Tan poca credibilidad les queda a las cadenas de televisión que se ven obligadas a hacerlo? ¿No nos bastaría con un “oye, que hace frío”? ¿Son noticia los fenómenos meteorológicos que suceden regularmente? ¿Tanta audiencia dan las conexiones en directo con las pistas de esquí? ¿No va siendo hora de que paremos esto?

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Excusas

SPF vs Brócoli

¿Qué tal cibernautas? ¿Todo bien? ¿Sí? Me alegro, hombre. Es domingo y todavía no he publicado la entrada semanal. Hace tiempo que se perdió lo de publicar los jueves por varios motivos, pero sigo cumpliendo semana tras semana y eso es suficiente para alcanzar el objetivo de ser constante con el blog.

Hoy vengo, de nuevo, a daros excusas. Llevo unas semanas un poco seco a nivel creativo con el blog. Y es que Super Patata Frita me exprime. La semana pasada empecé la rutina de dibujar todos los días, tengo que acostumbrarme a dibujar los personajes muchas veces y la única manera de hacerlo es ser constante y dibujar alguno diariamente.

También estoy empezando a cerrar puntos clave en la historia. Llevo años con SPF en la cabeza y cada vez que me pongo a escribir cambio cosas fundamentales. Ahora creo que tengo claro todo el pasado del universo y tengo medio escrito el primer capítulo. Aun así, me quedan muchas cosas por decidir y mi cerebro está dedicando a esas cosas los recursos que antes utilizaba para pensar nuevos temas para el blog.

La buena noticia es que tengo la parte de PHP de la web medio hecha, pronto (¿por qué sigo utilizando esta palabra cuando no tengo ni idea de cuándo acabaré las cosas?) podré ponerme con el diseño y, una vez acabado, empezaré a dibujar las primeras páginas. La idea es tener unas cuantas dibujadas para que no me pille el toro cuando empiece a publicar semanalmente.

Bueno, pues esas son todas las excusas que tengo para esta semana. Espero que sean suficientes. Hasta la vista, ciclista.

Recomendaciones de webcomics

Anna la Avellana

Hacía tiempo que no recomendaba nada así que voy a aprovechar la entrada de esta semana para recomendaros no uno, sino tres webcomics que sigo con regularidad. También os quería presentar a un nuevo personaje de Super Patata Frita, Anna la Avellana. Estoy trabajando a ratos en lo que será superpatatafrita.pausalas.com y espero ponerme a dibujar páginas pronto. Aunque pronto es un término muy relativo.

Mientras esperáis a que me ponga de una vez por todas, podéis ir leyendo mis tres recomendaciones:

Scurry – http://www.scurrycomic.com/

Awaken – http://www.awakencomic.com/comic/comic-cover

Last Nerds on Earth – http://www.lastnerdsonearth.com/

Seguidores falsos en Twitter

seguidores-falsos-twitter

Ayer me desperté con 50 seguidores nuevos en Twitter, hoy ya tengo más de 200 y la cifra sigue aumentando. ¿Buena noticia? No, para nada. Por alguna razón me están siguiendo una barbaridad de cuentas falsas, cada vez más. ¿Cómo lo paro? Pues no tengo ni idea, he hecho una búsqueda rápida y todo apunta a que me va a tocar bloquear una a una a esas cuentas falsas. Y ahora mismo no dispongo del tiempo necesario para hacerlo.

Si alguien conoce alguna herramienta para agilizar el proceso, le pido por favor que me lo haga saber. ¡Ayúdenme, cibernautas!

Las crónicas de Ciudad Seca #1

Cacahuete

Después de una larga y ancha noche, concretamente de 15x42m, el cacahuete detective Johnny John Johanson, conocido como Tri-J, llegó a su pequeño despacho ubicado en la primera planta del número 23 de la calle Púrpura. Tri-J se sentó en su vieja silla de madera y deslizó su mano por el escritorio para quitar el polvo que se había acumulado. Hacía ya dos meses desde el día en que se vio obligado a despedir al encargado de mantenimiento, el higo seco Sam.

El negocio del detective privado se hundió cuando los soldados verdes tomaron el control de la ciudad. Nadie se atrevía a contratar sus servicios por miedo a que los verdes consideraran que se estaba cuestionando su autoridad. La situación era desesperante. Si no conseguía algún cliente antes de dos semanas, se vería obligado a cerrar e intentar huir de Ciudad Seca en busca de nuevas oportunidades.

Tri-J apoyó su cabeza sobre el escritorio con la esperanza de recuperar el sueño que había perdido aquella noche intentando encontrar una forma de salvar su negocio. El detective había nacido para detectar, no sabía hacer otra cosa. Y Ciudad Seca nunca había destacado por sus numerosas oportunidades laborales.

Pasaron las horas y nadie acudió al despacho. Un día más sin clientes, un día más cerca del inevitable cierre. El detective se levantó resignado y se dirigió a la puerta. Su mano se encontraba en el pomo cuando escuchó el sonido de un vehículo deteniéndose cerca del edificio. Inmediatamente se giró y se acercó a la ventana que daba a la calle.

El cacahuete detective vio con intriga como una onza de chocolate bajó del vehículo y se dirigió al portal de su edificio. Segundos después, la onza llamó a la puerta de su oficina. Tri-J no sabía qué hacer. Se preguntaba qué se le habría perdido a una onza de chocolate en Ciudad Seca. ¿Qué hacía tan lejos de Freeton? El simple hecho de abrir la puerta y hablar con ella podría traerle muchos problemas con los verdes. Estaba prohibido dar refugio a freetonianos. ¿Estaba dispuesto a arriesgar su vida para salvar el negocio?

[Continuará]

Muerte al Ticket Regalo

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Mucho se habla de Los Reyes Magos y de sus disfraces, pero la verdadera tradición navideña empieza justo después de las fiestas: La devolución y el cambio de regalos.

Acertar con un regalo es complicado, hay que conocer bien a la persona y tener gusto y dinero para hacerlo. Si a eso le añadimos la cantidad de fechas en las que por convención social “estamos obligados” a comprar algo, las probabilidades de regalar algo necesario o deseado son bastante bajas. Por este motivo, ofrecer la posibilidad de devolver el regalo me parece fundamental.

A lo largo de los años, he ido devolviendo productos sin ningún problema. Me compré la PS3 con el dinero acumulado tras años de devoluciones. Y eso estaba bien. Eso molaba. Pero los dioses del comercio se enfadaron y decidieron que algo tenía que cambiar e inventaron el ticket regalo. Y así, con un estruendoso aplauso por parte de los consumidores, comenzó la destrucción del sistema de equilibrio que nos hacía felices.

El ticket regalo conduce, inevitablemente, a la destrucción de la humanidad. La posibilidad de incluir un papelito junto con el regalo que permite cambiarlo sin que la otra persona vea cuánto ha costado nos ha abocado a la dejadez. ¿Para qué molestarse en pensar bien qué regalar si vamos a meter el ticket regalo de todas formas? Ya irá y se cogerá algo que le guste. Total… total… total…

¡Basta! Para empezar, tarde o temprano la otra persona sabrá cuánto te has gastado, sólo se lo estás poniendo más difícil para elegir por qué cambiarlo. Luego está la cuestión de la devolución. Las tiendas no devuelven el dinero con el ticket regalo. Estás obligado a cambiar el producto. Y en ese momento es cuando necesitas un algoritmo para saber qué mierdas comprar para no perder dinero. Tienes que encontrar algo que te guste en esa tienda y que valga lo mismo que el regalo original. Normalmente, quien sale ganando en estos casos es el comerciante, ya que intentamos no tirar dinero y acabamos gastándonos más.

Os lo pido por favor, no hagáis tickets regalo. No se lo pongáis a la gente más difícil de lo que debería ser. Dad el ticket de compra normal, dejad que la gente pueda deshacerse del trasto que le habéis comprado y aproveche ese dinero en algo que realmente quieran. Si consideráis que no acertar con un regalo es malo, ¿cómo de malo es no acertar ni tan siquiera con la tienda? Dando el ticket normal evitaréis que la persona se vea obligada a acabar con algo que no quiere. Dando el ticket normal evitaréis que os odien. Dando el ticket normal evitaréis la aniquilación de nuestra especie. Muerte al ticket regalo.

Ya vienen Los Reyes

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—¿Qué les has pedido a Los Reyes? —preguntó la mujer—.

—La destrucció de tota la humanitat —respondió la niña—.

—¡Por Dios, que alguien encierre a esta niña en un manicomio! —exclamó angustiada la mujer— ¡Está hablando en catalán!

Automáticamente, dos furgones policiales, un helicóptero y tres agentes montados a caballo acudieron al rescate de la señora bloqueando la calle y acordonando la zona. Evacuaron a todos los peatones que estaban realizando sus últimas compras navideñas y rodearon a la niña de 7 años que había puesto en peligro la seguridad de todos los habitantes de aquella remota ciudad.

—¡NO SE MUEVA! —gritó uno de los agentes mientras apuntaba su arma hacia la pequeña terrorista—.

—Però…

—¡CUIDADO, ES CATALÁN!

Aterrorizados, los policías comentaron a disparar dardos tranquilizantes hacia la niña. El pánico afectó a la puntería de los defensores de la ley y el tiroteo indiscriminado hizo que más de la mitad de los agentes acabara en el suelo debido a los efectos de los dardos que ellos mismos habían disparado. Finalmente, entre la confusión, el comandante de la unidad especial consiguió reducir y amordazar a la causante de la catástrofe.

Mientras una ambulancia atendía a la mujer que había denunciado los hechos, la unidad de élite de la policía se llevó a la niña a un centro de máxima seguridad donde se le aplicaron terapias de choque intensivas con el objetivo de eliminar por completo su faceta terrorista. Tras dos semanas de tratamiento, los doctores se dieron por vencidos al comprobar cómo la niña seguía intentando destruir el sistema hablando catalán y decidieron aplicarme la terapia a largo plazo.

Veinte años después, la niña abandonó el recinto convertida en una mujer de bien, hablando un castellano perfecto son su laísmo, leísmo, loísmo, liísmo y luísmo. Decidida, se lanzó a la calle y exclamó “¡TAXI!”, en español, por supuesto. Sin perder ni un solo segundo, compró una hoja de papel, una carta, un sello y un bolígrafo. Con letra clara escribió a Sus Majestades de Oriente para pedirles algo que siempre había deseado, la destrucción de la humanidad.

Los Reyes Magos fueron incapaces de negarle el regalo, pues estaba escrito en español, la lengua real. Y así, con un deseo bien formulado, fue como la humanidad fue aniquilada por los tres jinetes magos del apocalipsis navideño.