Ya vienen Los Reyes

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—¿Qué les has pedido a Los Reyes? —preguntó la mujer—.

—La destrucció de tota la humanitat —respondió la niña—.

—¡Por Dios, que alguien encierre a esta niña en un manicomio! —exclamó angustiada la mujer— ¡Está hablando en catalán!

Automáticamente, dos furgones policiales, un helicóptero y tres agentes montados a caballo acudieron al rescate de la señora bloqueando la calle y acordonando la zona. Evacuaron a todos los peatones que estaban realizando sus últimas compras navideñas y rodearon a la niña de 7 años que había puesto en peligro la seguridad de todos los habitantes de aquella remota ciudad.

—¡NO SE MUEVA! —gritó uno de los agentes mientras apuntaba su arma hacia la pequeña terrorista—.

—Però…

—¡CUIDADO, ES CATALÁN!

Aterrorizados, los policías comentaron a disparar dardos tranquilizantes hacia la niña. El pánico afectó a la puntería de los defensores de la ley y el tiroteo indiscriminado hizo que más de la mitad de los agentes acabara en el suelo debido a los efectos de los dardos que ellos mismos habían disparado. Finalmente, entre la confusión, el comandante de la unidad especial consiguió reducir y amordazar a la causante de la catástrofe.

Mientras una ambulancia atendía a la mujer que había denunciado los hechos, la unidad de élite de la policía se llevó a la niña a un centro de máxima seguridad donde se le aplicaron terapias de choque intensivas con el objetivo de eliminar por completo su faceta terrorista. Tras dos semanas de tratamiento, los doctores se dieron por vencidos al comprobar cómo la niña seguía intentando destruir el sistema hablando catalán y decidieron aplicarme la terapia a largo plazo.

Veinte años después, la niña abandonó el recinto convertida en una mujer de bien, hablando un castellano perfecto son su laísmo, leísmo, loísmo, liísmo y luísmo. Decidida, se lanzó a la calle y exclamó “¡TAXI!”, en español, por supuesto. Sin perder ni un solo segundo, compró una hoja de papel, una carta, un sello y un bolígrafo. Con letra clara escribió a Sus Majestades de Oriente para pedirles algo que siempre había deseado, la destrucción de la humanidad.

Los Reyes Magos fueron incapaces de negarle el regalo, pues estaba escrito en español, la lengua real. Y así, con un deseo bien formulado, fue como la humanidad fue aniquilada por los tres jinetes magos del apocalipsis navideño.

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